
Mención especial a la tarta de Marnie en casa, que consigue que aun estando aquí todos los días y perdiendo por tanto uno de los factores de los que hablaba, me sepa como la mejor tarta de chocolate del mundo mundial. Probablemente porque lo sea. Además Marnie sabiamente no la prepara tan a menudo.
Aparte de comer, también escucho música de vez en cuando (no tanto como debiera) y no hay mejor momento ni lugar que cuando estoy por Cádiz conduciendo por entre paisajes de película y con música de Chambao. Eschuchar exactamente el mismo tema en uno de estos "maravillosos" días de invierno, en los que no para de llover, el frío hace que parezca que me mueva a cámara lenta y el viento que quiera estrellame contra el bus que cruza la calle, simplemente no es lo mismo. No pega. Falta ver el azul del cielo, y alguna montaña que otra.
A la lectura también se lo aplico. Los libros de Michael Connelly hay que leerlos (devorarlos) en vacaciones y si son muy oscuros mejor durante días largos y calurosos; en edición de bolsillo y en la playa comiendo patatas fritas y entonces te sales. En cuanto a las películas, lo mismo. Las que puede que ni lleguen a la cartelera en el festival de cine del Norte, las menos comerciales en el cine del centro que está al lado de la mejor tienda de comics y las espectaculares en una sala con pantalla y sonido grandes.
Lo que me gusta, en donde me gusta.
